La información mínima para llegar preparado a una primera consulta y no gastar la reunión cualificando. Marca los campos que hoy recibes y comprueba qué te falta.
Una consulta de 60 minutos en la que 15 se dedican a averiguar lo básico no es una consulta de 60: es de 45. Y la persona percibe esos primeros minutos como improvisación, justo cuando decide si te contrata.
Con la ficha delante, la consulta empieza por el diagnóstico y no por el interrogatorio. Es el mismo tiempo, empleado en lo único que el cliente no puede obtener en internet: tu criterio.
Esa diferencia se nota en la tasa de firma mucho más que cualquier técnica de cierre.
Ocho campos. Si tu proveedor actual no te entrega al menos seis, estás cualificando en la reunión sin saberlo.
{{ fichaNota }}
La ficha no se lee en la reunión: se lee antes. Estos cinco minutos de preparación son los que cambian el tono de la consulta.
Deuda, acreedores y residencia. Confirmas que el caso encaja y decides si hace falta algo del expediente antes de entrar.
Situación laboral e impagos acumulados te dicen la urgencia real. No es lo mismo un caso con embargo inminente que uno que aún negocia.
Movimientos patrimoniales y procedimientos anteriores. Si hay algo que puede tumbar la buena fe, lo abordas tú primero, no el cliente.
Con todo lo anterior ya sabes qué honorario y qué plazos vas a plantear. Entras con una propuesta, no con una entrevista.
Pedir más no es mejor. Cada campo extra alarga la verificación, reduce la tasa de cita y te llega igualmente en la consulta.
Los seis umbrales y el guion telefónico del equipo de verificación.
Abrir recurso →Modelo de capacidad para saber qué volumen puedes absorber.
Abrir recurso →Dónde están los casos elegibles y cómo se reparte el volumen.
Abrir recurso →Enséñanos la que te entrega tu proveedor actual y la comparamos, campo por campo, con la nuestra.
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